5 mar. 2013

CIELO DE CLARABOYAS


(FRAGMENTO)
Era la casa de mi tía más vieja adonde me llevaban los sábados de visita. Encima del hall de esa casa con cielo de claraboyas había otra casa misteriosa en donde se veía a través de los vidrios una familia de pies aureolados como santos. Leves sombras subían sobre el resto de los cuerpos dueños de aquellos pies, sombras achatadas como las manos vistas a través del agua de un baño. Había dos pies chiquitos, y tres pares de pies grandes, dos con tacos altos y finos de pasos cortos. Viajaban, baúles con ruido de tormenta, pero la familia no viajaba nunca y seguía sentada en el mismo cuarto desnudo, desplegando diarios con músicas que brotaban incesantes de una pianola que se atrancaba siempre en la misma nota. De tarde en tarde, había voces que rebotaban como pelotas sobre el piso de abajo y se callaban contra la alfombra.

Una noche de invierno anunciaba las nueve en un reloj muy alto de madera, que crecía como un árbol a la hora de acostarse; por entre las rendijas de las ventanas pesadas de cortinas, siempre con olor a naftalina, entraban chiflones helados que movían la sombra tropical de una planta en forma de palmera (…). No había nadie ese día en la casa de arriba. Salvo el llanto pequeño de una chica (a quien acababan de darle un beso para que se durmiera, que no quería dormirse), y la sombra de una pollera disfrazada de tía, como un diablo negro con los pies embotinados de institutriz perversa. Una voz de cejas fruncidas y de pelo de alambre que gritaba “¡Celestina, Celestina!”, haciendo de aquel nombre un abismo muy oscuro. Y después que el llanto disminuyó despacito… aparecieron dos piecitos desnudos saltando a la cuerda, y una risa caían de los pues desnudos de Celestina en camisón, saltando con un caramelo guardado en la boca.
Silvina Ocampo, Viaje olvidado, Buenos Aires, Emecé, 1998.

1.         El protagonista de la historia es:
a.         La tía más vieja.
b.         El propio narrador.
c.         Celestina
d.         La familia del piso de arriba.

2.         El protagonista:
a.         Vivía en la casa misteriosa.
b.         Vivía en la casa de la tía.
c.         Vivía con la tía.
d.         Iba de visita a casa de la tía

3.         Desde abajo, se veía:
a.         Todo lo que pasaba arriba.
b.         Los rostros de la gente de arriba.
c.         Las sombras y la marca de los pies de la gente de arriba.
d.         Las manos de la gente de arriba.

4.         Se dicen que arriban vivían:
a.         Dos niños y tres adultos.
b.         Dos niños y cinco adultos.
c.         Un niño y tres adultos
d.         Dos niños y dos adultos.

5.         Es evidente que el narrador de la historia era, entonces, un niño o una niña porque:
a.         Pasaba el tiempo mirando el cielo de claraboyas.
b.         Oía jugar a otro niño.
c.         Desconocía lo que pasaba arriba.
d.         Habla de un tiempo remoto cuando era “llevado” a casa de sus tías.

6.         A partir del título del libro, es evidente que este relato gira, entre otros asuntos, alrededor de:
a.         Las casas viejas.
b.         Los miedos de los niños.
c.         La soledad.
d.         Las memorias de la infancia.

7.         La obra presenta una compleja combinación simbólica alrededor del tema de lo celeste:
a.         Como es evidente en el título del relato y en el nombre de la niña.
b.         Que puede ser una coincidencia.
c.         Que se quiebra con la aparición de la niña.
d.         Que se opone al mundo del niño que testimonia cada uno de los elementos.

8.         Es evidente que el niño:
a.         Opone el mundo del niño a la oscuridad del juego de los adultos.
b.         Se ajusta con lo que sospecha sucede en el piso superior.
c.         Tiene temor al mundo externo.
d.         No recuerda bien el rostro de Celestina.

9.            Una voz de “cejas fruncidas y de pelo de alambre” es:
a.            Una metáfora compleja
b.            Un juego verbal osado.
c.             Una sinestesia de fuertes implicaciones.
d.            Una frase un tanto fantástica

10.          Los saltos y la risa de Celestina:
a.            Son propios de una niña que juega inocentemente.
b.            Desvanecen la angustia que se había generado con el llanto y los llamados de la mujer.
c.             Se suman al misterio de la familia de arriba. Tardanza
d.            Pasan desapercibidos para el narrador de la historia. 
                                                                                                                                                   
                                                                                              
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